Qué es un Death Café

Las miradas de la gente la primera vez que oyen el nombre de este movimiento global a nivel mundial se muestran cuanto menos curiosas. Y las primeras palabras que salen de su boca son que habría que cambiarle el nombre, porque eso no vende. Y ese es el problema, porque a la muerte no hay que venderla, está ahí. Lo que hay que hacer es darle visibilidad, y quitarle esa gran carga de tabú que tiene, y que nos impide a menudo vivir con cierta serenidad y plenitud.
Descubrí el Death Cafe hace un año, y encontré en ese espacio una invitación a expresar y compartir las inquietudes sobre la vida y la muerte en un entorno distendido, confidencial y respetuoso con todo tipo de ideas y creencias.

Si no os importa, a continuación, un poco de historia resumida: inspirado en el sociólogo suizo Bernard Crettaz y sus cafés du Mort, Jon Underwood y su madre Sue Barsky iniciaron los Death Cafes en el garaje de su vivienda de Londres en 2010. Desde entonces, se han llevado a cabo miles Death Cafes en países del todo el mundo (https://deathcafe.com/).
Las reglas de este movimiento global son sencillas:
- No se puede cobrar por llevar a cabo un Death Cafe, aunque se aceptan donativos.
- No hay un orden del día. Este punto puede sorprendernos, pero si participas en algún Death Cafe, entenderás que no es necesario, y que son los propios participantes los que van marcando la agenda del encuentro. Y por eso, cada Death Cafe es único y especial.
- Nadie es experto, lo que nos coloca en una situación de total igualdad. No hay nada más democrático que la muerte.
Es importante especificar que no son espacios de terapia ni de duelo. Como facilitadores nos limitamos a presentar el proyecto, hacer la apertura de la sesión de hora y media, asegurarnos de que todos los asistentes tienen su espacio para expresarse, recordando que el silencio a veces dice mas que las palabras. Por último procuramos hacer el cierre de forma amable y adecuada.
Nuestro sentir cada vez más claro después de cierto tiempo facilitando Death Cafes es que el ser humano necesita hablar de la muerte, pero la sociedad ha creado un tabú alrededor de ella. Y cuando la muerte nos visita de alguna forma en algún momento de nuestra vida, el conflicto que todos acabamos viviendo nos lleva a un gran sufrimiento.
Hablar de la muerte es hablar de la vida: cuanto más presente tengo mi mortalidad, con más intensidad vivo cada momento de mi vida. Queremos hacernos amigos de la muerte para que cuando venga a buscarme, al menos pueda mirarla de frente sin miedo. Y solamente podemos afrontar las cosas sin miedo cuando las conocemos.
Estas y muchas otras preguntas surgen en estos espacios en los que se brinda la oportunidad de compartirlas. No hay respuestas correctas ni incorrectas; aquí no tiene nadie razón, o la tenemos todos; no existe el blanco y el negro, y pronto descubrimos las infinitas tonalidades del gris. Y lo más importante, te vas del Death Cafe sabiendo que no estás solo, y descubriendo alternativas y otras formas de pensar que te enriquecen y te dan cierta paz.
Así pues, te invito a que participes en algún Death Cafe, para que puedas decidir desde la experiencia el valor de un encuentro así, y quizá encontrar ese espacio en el que compartir tu sentir y tu pensar respecto de la muerte… y de la vida.
