El vuelo del gusano.

EL VUELO DEL GUSANO
Unas pocas horas después de haber ingresado en el box de la UVI 2 en la Policlínica Gipuzkoa de Donostia, y tras haberse aplicado el protocolo anti infartos, con una vía de 60 centímetros directa a mi corazón y monitorizado con 31 cables conectados a mi cuerpo, comencé a sentir una sensación muy especial que entonces eran desconcertante pero que ahora adquieren su sentido propio en todo el proceso.
Tumbado en la cama, noté que mi cuerpo me sobraba, como si renunciara a él. Estaba agitado, me molestaban las sábanas, el camisón. Me revolvía en el lecho incómodo, con la sensación de querer salir de un cascarón, de renunciar a mi cuerpo. Sentía como si la piel fuera una coraza, una larva gigante. En el interior, algo comenzaba a moverse con la intención de desprenderse. A la vez, mi cuerpo físico volvió a sentir una presión en el pecho, más aguda que la anterior. Un claro síntoma que revelaba que otro infarto llegaba. Avisé a la médico como me lo había pedido si notaba un empeoramiento y se puso en marcha el protocolo para operar.
La doctora me ofreció la oportunidad de llamar a casa en los momentos previos a la intervención. Hablé con la persona que en ese momento era mi mujer. Horas antes ya le había avisado de que me quedaba en observación una noche, y que al día siguiente me harían una prueba de esfuerzo, sin decirle que me ingresaban en la UVI.
La rapidez con la que mi corazón se deterioraba hizo cambiar el escenario. No había posibilidad de dulcificar un momento de tanta gravedad. En este segundo contacto telefónico le comenté sin tapujos que me iban a operar. Estuvimos unos minutos hablando, nos despedimos y ya en ese momento percibí como mi alma comenzaba a desprenderse poco a poco de mi cuerpo, mientras me trasladaban al quirófano.
Me sacaron del box. El equipo de facultativos iba conmigo. Durante el recorrido fui alentado y ayudado, para comenzar el viaje hacia el otro lado, por las almas de la propia médico, una enfermera y una auxiliar. Percibí como mi ser, salía desde mi vientre y se elevaba del cuerpo. Por un momento, mi ser se sitúo en la parte superior de la habitación. Y viví la escena como si de una película se tratara, estaba desvinculado de mi cuerpo, sabía que era yo, pero no importaba. Estaba echado sobre la cama sin que sintiera una especial inquietud, pese a que algo extraordinario comenzaba a experimentar. La médico me llevaba de la mano. Todo el equipo de la UVI nos rodeaba. En ese punto, mi ser pierde la conciencia del cuerpo. Lo dejé de ver, había salido de él, me hice alma.
Comencé a seguir un hilo de plata que me guiaba hacia arriba.
